YÉLAMOS DE ABAJO – ASOCIACIÓN EL OJUELO

ANÉCDOTAS DEL TELÉFONO

Años 70, Yélamos, poner conferencia con Madrid…….toda una aventura, a la que dedicabas, depende del día, más de una hora.

En aquella época, sólo había un teléfono para todo el pueblo. Una familia aceptaba la responsabilidad de tenerlo (poner llamadas, recibirlas y dar el mensaje o avisar al destinatario de las mismas) y, a cambio, cobraba algo por cada servicio que daba. El teléfono paso por dos o tres casas, luego pensaron poner una cabina en la plaza….y el problema era quién cogía el teléfono si sonaba, porque quedaba encargado de dar el mensaje. Finalmente, se consiguieron 7 u 8 abonados e instalaron teléfonos particulares. Los que han nacido con un smartphone en la mano no sé si llegarán a entenderlo.

Mi historieta se sitúa en la época en la que el teléfono estaba en la casa de Santiago y Modesta, en el barrio de Toledillo. En mis recuerdos son Sr. Santiago y Sra. Modesta, que antes eramos muy respetuosos y les poníamos el tratamiento de Señor y Señora, aunque no el de Don o Doña, que estábamos en el pueblo.

Santiago y Modesta eran una pareja muy singular y entrañable. El, alto y delgado, ella bajita y rechoncheta; ambos campechanos y cariñosos. Santiago fue pregonero, cartero, enterrador….y supongo que me dejo varias profesiones más. También iba por todos los pueblos, de fiesta en fiesta haciendo rifas. Vendía papeletas de las cartas de la baraja española, pedía a alguien que eligiera al azar una carta, y el que la tuviera era premiado con una bolsita de caramelos.

Pues, volvamos a la historieta.

El día que tenías que poner conferencia a Madrid, preparada para pasar la mañana, te ibas a Toledillo, barrio que sigue manteniendo su encanto.

-Buenos días Sra. Modesta, que necesito llamar a Madrid.

-Sube, hija, hoy está el teléfono un poco lento pero, lo intentamos.

En el saloncito de su casa tenía, pegado a la pared, un teléfono negro con una manivela. Le daba varias veces a la manivela, como si le diera cuerda, e intentaba hablar con la telefonista de Budia, Josefina.

-Josefinaaa!!. (en tono alto, porque la comunicación no era fácil y Modesta estaba perdiendo oído). Que tengo que poner una conferencia a Madrid.

En Budia anotaban el número al que llamar y…..a esperar.

Modesta, para no perder el tiempo, se ponía a preparar las bolsitas de caramelos que luego rifaba su marido. Encima de la mesa volcaba una bolsa de 1 o 2 kg de caramelos variados y unas bolsitas pequeñas de plástico transparente, donde había que meterlos.

Aprovechando que yo esperaba la llamada, decía: “ !Ala, vamos a hacer unas bolsitas! No pongas más de 4 caramelillos,.. y separaditos, para que parezca que la bolsa está llena”.

Así nos poníamos a rellenar bolsitas y charlar de lo que tocara. Cuando ya habíamos llenado varias bolsitas te decía: “venga, échate un caramelillo a la boca”. Era como el premio por el trabajo realizado.

De pronto, sonaba el pitido del teléfono. Modesta se levantaba rápido y hablaba con Josefina.

-Ya está la conferencia? Vale…..Y mi padre, al otro lado de la línea, contestaba la llamada.

Agustín, que soy Modesta, que tu hija quiere hablar contigo, te la paso.

Y habíamos conseguido llamar. Otra cosa es que pudiéramos entendernos bien, porque parecía que la línea traspasaba el Atlántico, pero nos dábamos el mensaje y objetivo cumplido.

Me falta deciros que, comentando esta anécdota con mi primo, que también tuvo el teléfono en casa, me desveló que el conocía a Josefina, la de Budia y me amplió esta historieta.

Mi primo tenía el teléfono en la despensa del bar, entre cajas de cervezas…..y botes de aceitunas.

Las personas que ponían conferencia esperaban allí, en una silla. Pues, Josefina, la telefonista de Budia, siempre pegada a su auricular, alertó a mi primo que algunos de los que esperaban conferencia se comían las aceitunas mientras tanto. No me digáis que no es genial?

Recordar esta historia, igual que muchas otras que guardo de mi infancia y juventud en Yélamos, me resulta muy agradable, por lo que, aunque no me gusta escribir, me he decidido a compartirlo.

Mi objetivo no es otro que recordar un tiempo en que la vida era diferente, no teníamos móviles y compartíamos con los demás momentos reales, no virtuales.

Si os ha provocado una sonrisa, aunque sea nostálgica, me doy por satisfecha.

Paloma.